La importancia de aprender idiomas

El título de este post podría terminar en la palabra aprender. No importa si es un idioma o cualquier otra cosa, lo importante es adquirir siempre nuevos conocimientos, del ámbito que sea. Sin embargo, decidimos enfocarlo en la cuestión idiomática, porque viajando aprendimos a estar abiertos a aprender todo el tiempo cosas nuevas, y los idiomas son fundamentales para poder  generar muchas de las grandes experiencias que tenemos.

Un viaje por América no se habla sólo en español

Cuando pensamos nuestro viaje por América, nunca se nos cruzó por la cabeza nada relacionado con este tema. Claro, si en todos los países que íbamos se habla nuestra misma lengua, ¿por qué habríamos de preocuparnos?

Pero al poco tiempo de salir nos dimos cuenta que, aunque estemos en América, no íbamos a estar solamente con americanos. El mundo está lleno de viajeros y de inmigrantes, y sería una pena no relacionarnos con ellos sólo porque nacimos en distintos lugares y nos impusieron una lengua diferente.

También sabemos que uno de los principales rubros en donde nos desempeñamos los viajeros mientras estamos en la ruta es en el rubro turístico (hoteles, restaurantes, bares), donde obviamente viene gente de otras partes del mundo con las que tendríamos que hablar… a menos que, como no sabemos hacerlo, tengamos que dejar pasar la oportunidad.

Ponerse en el lugar del otro

Con las primeras personas extranjeras con las que nos relacionamos, la primer pregunta era “¿Hablas español?”, y si respondían que “si” o que “más o menos”… ¡listo! No más esfuerzo para nosotros. ¡Que se esfuercen ellos en hablar el idioma del país en el que están!

Con Alula, una mini-amiga inglesa

Y cuando llegaron las primeras oportunidades de trabajo, la pregunta recurrente que nos hacían era “¿Hablan inglés?”. A lo que siempre respondemos con un “si” super seguro. Claro, porque ¡queremos el trabajo! Pero lo cierto, es que en algún momento hay que demostrarlo… y fue ahí cuando nos arrepentimos de no haber aprovechado a los amigos de viaje con los que nos relacionamos hasta ese momento y con los que siempre preferimos hablar en español.

Hablar en inglés, al principio, era un parto. Sentíamos que nunca habíamos pronunciado una palabra en este idioma. Super trabados, fonéticas cambiadas, ideas pensadas en español y traducidas literalmente al inglés: pff, incomprensible… (eso pensábamos nosotros). ¡Pero no! La persona que estaba del otro lado siempre nos entendía, nos corregía, nos ayudaba a armar la idea. Fue así que empezamos a tomarlo con mas calma, a pensar un poquito más, a animarnos a preguntar “How do you say…?/ (cómo lo dirías…?)”.

El traductor del celular es un buen aliado, sobre todo si la mesa está compuesta por argentinos, israelitas, italianos y venezolanos

Hacer el esfuerzo

Día a día el inglés fue mejorando, aprendimos palabras y expresiones que ni siquiera sabíamos que existían, empezamos a usar algunas que nunca teníamos en cuenta. Y no es que ahora hablemos inglés super fluido, lejos de eso estamos, pero ahora nos animamos e intentamos aprender de cada persona que aparece en el camino y nos da la oportunidad de aprender un poquito de su idioma.

Pero el inglés y el español no son los únicos idiomas del mundo. En el camino hay cientos de franceses, portugueses, italianos, alemanes, chinos y  las lenguas que se les ocurran. Por supuesto que es muy difícil aprender un idioma sin agarrar nunca un libro de gramática o pronunciación. Pero, aunque sería lo ideal, no es lo esencial.

Grupo de trabajo multicultural: español, francés, portugués, alemán e italiano a diario (si, nadie en inglés)

Se puede aprender idiomas viajando. Se puede entender al otro y hacernos entender, sin haber escuchado ni pronunciado nunca antes una palabra en esa lengua. Es cuestión de estar abierto a la comunicación, a escuchar al otro con atención, a preguntar y a aprender. A tratar de no dejar en el abandono lo aprendido, y recordarnos cada tanto esas palabras y esas expresiones que nos permitieron entrar en la vida de una nueva persona, y saber un poco sobre ella.

Derribar barreras

Sentimos que no hacerlo es un poco no interesarse por el otro, ese que tenemos al lado y que solamente nació lejos (a veces ni eso), entonces ya es distinto, y difícil de comprender. Sería como llegar a un país que, aún hablando nuestro propio idioma tienen distintos modismos, nombres, adjetivos, etc y no nos preocupáramos por saber su significado. Y, sin embargo, es lo primero que hacemos. Bueno, con el idioma es lo mismo, aunque un poco más complejo, por lo cual debemos destinarle mayores esfuerzos.

Hay que averiguar qué es el borojó, ¿no?


No dejemos que nunca el idioma sea una barrera para no conocer a alguien. Y aprovechemos cada oportunidad que un viaje o la vida misma nos presenta, para aprender. Que si la historia creó un mundo con obstáculos territoriales, políticos o idiomáticos, es tarea nuestra sortearlos y salir a conocer todo lo que hay detrás de ellos.

 

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