San Gil y Bucaramanga: la subjetividad de la belleza

Así cómo muchas veces la belleza de un lugar depende del paisaje pero también de los ojos que lo miran, creemos que ese atributo también tiene que ver con las experiencias y la gente que uno conoce. Una ciudad, un pueblo, puede ser hermoso, pero si allí uno no entabla lazos, no experimenta sensaciones inolvidables, seguramente esa belleza no será percibida en su totalidad. Por el contrario, los lugares más comunes pueden convertirse en nuestros recuerdos preferidos si allí encontramos algo o alguien que nos llene de emociones. En San Gil y Bucaramanga vivimos estas dos sensaciones.

En San Gil estuvimos varios días, pero podemos decir que es uno de los primeros lugares del viaje con el que no conectamos mucho. La ciudad es linda y uno de sus principales atractivos es el Parque El Gallineral, reconocido por sus centenarios árboles como higuerones, ceibas y gallineros, y los musgos llamados “barbas de viejo”. Fuimos hasta allí y mientras deliberábamos si pagábamos los 6 mil pesos que corresponden a la entrada, nos encontramos con un amigo hondureño que habíamos hecho en Cali, y nos desviamos del objetivo. Sin embargo, para quienes deseen ir, es bueno señalar que el Parque queda dentro de la ciudad y es muy fácil llegar a pie.

Foto tomada de http://off2colombia.com.co/
Foto tomada de http://off2colombia.com.co/

Pero, sin dudas, lo que caracteriza a San Gil es la práctica de actividades de aventura: torrentismo, espeleísmo y rafting son sólo algunas de las opciones que ofrece la ciudad. Sobre el malecón turístico del Fonce se concentra la oferta de los principales operadores de deportes de aventura.

Luego de nuestro tranquilo paso por San Gil y de una sinuosa ruta, llegamos a Bucaramanga. Allí, la historia cambió. Como dijimos anteriormente, creemos que muchas veces la percepción que uno tiene del lugar se relaciona con la gente que conoce allí y las relaciones que entabla. Esta ciudad confirmó nuestra teoría.

Al llegar, nos esperaban Omar y Julián, dos hermanos que nos abrieron las puertas de su casa mientras daban forma a su futuro viaje por América Latina. Sus ganas de viajar y conocer hacía que estuvieran en sintonía con cualquier viajero, por eso estar con ellos fue una experiencia inolvidable.

De recibida, fuimos a compartir una hamburguesa que vendían a unas pocas cuadras de su casa. img-20160922-wa0003-copiar
Al llegar, el lugar estaba desbordado de gente y nos explicaron el por qué. No era cualquier hamburguesa: tenía, literalmente, de todo (hasta una arepa podía cruzarse uno entre los dos panes). Y la tradicional hamburguesa de carne era acompañada también por pollo y tocino: una bomba.

Así comenzó nuestra estadía en Bucaramanga, y el resto de los días estarían repletos de momentos increíbles que hasta superaban en cantidad a los ingredientes de la super hamburguesa.

En nuestro primer día, fuimos en metro hasta el centro, paseamos y conocimos el Parque del Agua. El lugar está ubicado en las instalaciones del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga y es gratuito.

Además de las fuentes de agua, allí se puede observar flora y fauna, sobre todo peces y tortugas.

No es que nos creamos más importantes y lindos que el parque, es que es la única foto que nos quedó
No es que nos creamos más importantes y lindos que el parque, es que es la única foto que nos quedó

A la medianoche de ese mismo día nos tocó hacer un viaje relámpago a Venezuela por un trámite del pasaporte. Fuimos hasta la frontera de Cúcuta y, en menos de 24 horas, ya estábamos de vuelta en Bucaramanga. Llegamos bastante tarde y aprovechamos las horas que restaban del día para ir a conocer y descansar un poco en el Parque Florida en Floridablanca.

Es un lugar para el encuentro. Las actividades para chicos y grandes y su oferta gastronómica reúnen a cientas de personas. Obleas, helados y raspados son sólo algunas de las delicias que se pueden encontrar en este activo Parque.wp_20160924_18_41_33_pro-copiar

Esa noche nos tocaba festejar el cumpleaños de Diego. Cuando uno sale de viaje no tiene idea ni  dónde va a estar el próximo día, asique mucho más complicado sería poder aventurarse a lanzar el lugar dónde se cumplirá años. Por suerte para él, le tocó un lugar muy lindo y con gente de la buena. El festejo comenzó unas horitas antes del día especial, y duró hasta un día después, con un regalo de los que no se olvidan jamás.wp_20160925_00_03_17_pro-copiar

Luego del festejo nocturno, al otro día amanecimos y nos fuimos de paseo a Girón. Este hermoso pueblito, de casi 400 años, es un viaje al pasado.img-20160925-wa0011-copiar

img_20160925_124203-copiarEn nuestra visita, aprovechamos para degustar algunas delicias colombianas que todavía no habíamos conocido. Fue así que probamos la lulada, una bebida tradicional que se prepara con lulo, una fruta típica de la región, y que se caracteriza porque, a diferencia del jugo, este no se licúa, ni se cuela.

Además, también probamos la famosa fritanga colombiana. Cómo su nombre lo demuestra, no es un plato muy saludable. En la bandejita se puede encontrar: papa criolla, morcilla, plátano asado, costilla de cerdo, chicharrón, yuca, longaniza, gallina, chorizo, yuca frita, y otras variantes.img_20160925_141812-copiar

Y aunque el lugar nos ofrecía hermosos lugares por conocer, nuestra visita se centro más en lo alimenticio.

Fue en Girón también que probamos el maracumango: una deliciosa combinación de ambas frutas que se prepara quitándole la pulpa al maracuyá, y allí dentro se echa mango, helado de maracuyá y la pulpa extraída, junto con crema de leche: una fiesta de sabores!

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Ese día de paseo y comidas lo terminamos observando el atardecer en uno de los miradores de Bucaramanga en el cual pasamos en buen momento que sólo conservaremos en la memoria, porque las fotos también se fueron en la cámara que ya no tenemos.

Y cómo si nuestro paso por Bucaramanga no hubiera tenido demasiados buenos momentos, se vino el broche de oro. Una llamada inesperada (y mucha buena suerte) hizo que tengamos la fortuna de poder volar en parapente. Ahí mismo, ese que era nuestro último día, terminó estirándose y fuimos a vivir la mágica experiencia.

El lugar no podía ser mejor: el voladero Las Águilas, en la mesa de Ruitoque, a 15 minutos de Bucaramanga.

Allí nos esperaba su propietario, Salomón Rey, junto a un equipo de profesionales en este deporte y la mejor seguridad para disfrutar al máximo el día en que recorreríamos la ciudad como un águila.

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Con Salomón Rey, propietario del voladero Las Aguilas

Nos comprometimos, a cambio de semejante regalo, a darle toda la promoción que estaba a nuestro alcance. Para eso, sacamos fotos a los equipos, al personal, al lugar, para poder reflejar con la mayor precisión lo increíble de la experiencia que nos estaban dando la oportunidad de vivir.

Lamentablemente, el vuelo en parapente fue apenas unos días antes de que nos robaran en Taganga, y esas fotos (como todas las de nuestro paso por San Gil y Bucaramanga) se fueron con los asaltantes dentro de la cámara que nos quitaron. Hoy nos sentimos en deuda con Salomón y su equipo que nos dieron la posibilidad de hacer algo mágico y que no podemos retribuirle con lo acordado de palabra.

Sin embargo, aunque nos hayan quitado el material, todavía podemos transmitir las sensaciones, la inabarcable felicidad que nos brindó el vuelo. La contradictoria mezcla de adrenalina y paz que experimentamos al ver como el suelo se alejaba y el cielo se convertía en nuestro límite.

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Gracias Bucaramanga, la despedida fue un resumen de lo que fue nuestra estadía en el lugar!

Autor entrada: Ambos Mundos

6 thoughts on “San Gil y Bucaramanga: la subjetividad de la belleza

    Judith G. Noé

    (15 noviembre, 2016 - 7:31 pm)

    Es una pena que os robasen la cámara pero por suerte los mejores recuerdos están en la memoria y seguro que de ese viaje nunca os olvidaréis!:)

      ambosmundosweb

      (15 noviembre, 2016 - 8:57 pm)

      Seguro, en la memoria y el corazón llevamos los recuerdos más lindos! Gracias por pasar. Un besote!

    mirtha lovera

    (15 noviembre, 2016 - 7:53 pm)

    Que maravilla ,el placer de volar esa linda tierra colombiana .hermoso relato.felicidades

      ambosmundosweb

      (15 noviembre, 2016 - 8:57 pm)

      Una de las sensaciones más lindas que hemos experimentado!

    Seres Reales

    (21 noviembre, 2016 - 9:59 pm)

    La historia es buena cuando tiene un buen relato como este. Nosotros con la comida nos quedamos cortos, habrá que volver a probar más cosas! Un abrazo.

      ambosmundosweb

      (23 noviembre, 2016 - 11:54 am)

      No se preocupen, en México nos ponemos al día. Nos vemos en breve, amigos!

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