Recomendaciones para perder el miedo a viajar

Todos los que decidimos aflojar un poco las ataduras de la sociedad para largarnos a la aventura atravesamos por ese miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a perder lo que tanto esfuerzo nos costó conseguir. En fin, a salir de la seguridad que creemos tener, a alejarnos de nuestros seres queridos, a poner en jaque nuestra vida y nuestra forma de ver el mundo para transitar un camino que al principio se ve como una incertidumbre constante.

Para toda decisión el primer paso siempre es el más importante pero también el mas difícil, pero después, el camino se encausa y la inercia del destino, junto con la buena voluntad que debemos poner, acomodan todo a nuestro favor.

Sabemos que toda situación es diferente, cada caso es distinto y los miedos y las personalidades influyen mucho. Algunos temen dejar sus trabajos, otros temen salir solos por miedo a no saber que hacer, otros temen dejar a sus familias, otros a la rutina, a las mascotas, etc. Pero el miedo siempre tiene la misma raíz: lo desconocido.

En nuestro caso vencerlo no fue fácil, mucho menos cuando se está muy arraigado al lugar, a la familia y amigos y a los trabajos. Fue como un pequeña semilla que se plantó y que poco a poco comenzó a crecer regada con nuestras ganas de cambiar y de vencer los estigmas.

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No hay una receta mágica para derrotar los miedos, como tampoco la hay para ninguna de las decisiones que uno toma, sino la vida sería más fácil y más aburrida también. Creemos que es un trabajo interno, con uno mismo, que se debe realizar por etapas. Lo primero seria cuestionar y poner en crisis esos miedos: ¿A qué le temes verdaderamente? ¿Vale la pena quedarme con la incógnita de por vida de lo que hubiera sido si me largaba a viajar? ¿Qué es lo que me ata? ¿Qué es lo que me limita? ¿Es conveniente invertir los mejores años de mi vida solo para trabajar y estudiar?

Pensemosló de esta manera: la vida socialmente “normal” de una persona se podría dividir en cuatro: terminar la escuela, elegir una carrera o un oficio y finalizarlo, conseguir un trabajo y jubilarse. En el medio hay muchas otras cosas pero mayormente para atravesar por estas etapas es que nos prepara la sociedad. De esta manera nos sentimos útiles porque somos productivos, porque movemos el engranaje de un sistema sostenido por el dinero y finalmente el sistema nos remunera el esfuerzo cuando ya somos viejos y no podemos disfrutar de las mismas cosas. Estaría genial que fuera al revés, no? Que nuestros años de juventud los dediquemos a ser felices y a hacer lo que nos gusta y luego, de viejo, poder quedarnos en nuestra casa trabajando.

Pero socialmente esto sería imposible, aunque desde nuestro humilde lugar podemos trazar nuestro propio destino, corrernos un poco del camino y usar nuestros mejores años para viajar y hacer lo que amamos.

El miedo a lo desconocido, como tal, no existe, es solo una construcción, una semilla que planta la sociedad, a través de las instituciones, en nuestro conciencia y que asegura que seamos sujetos productivos que mantendrán el sistema.

Si ahondamos un poco en las respuestas a esas preguntas que nos surgen antes de dejar todo, encontraremos tal vez un camino para salir a la superficie. El único limitante es nuestra mente, somos nosotros mismos los que nos decimos no, como un instinto de supervivencia que nos empuja a la conservación. Pero también somos nosotros los que podemos decir si.

Date la oportunidad de salir. No busques respuestas a problemas que todavía no tienes y que no sabes si tendrás. Que el futuro sea solo un campo de posibilidades. Vive el presente.

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Autor entrada: Ambos Mundos

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