Por qué viajar a la selva

El cielo estrellado mas brilloso que hemos visto, el magnífico sonido de los animales nocturnos y la oscuridad mas espesa de todas. La magia de lo desconocido y una conexión con nuestro universo interior. Todo converge en un mismo lugar, en un espacio común. En un escenario compartido con nuestros ancestros. Entra a este post y revive con nosotros nuestra experiencia en la selva ecuatoriana.

Para ser sinceros, en nuestra ruta inicial no estaba diagramado pasar por la selva. Pero como dijimos en otra nota, es el mismo camino el que va dibujando nuestro trayecto, solo nos resta decidir hacia que lado ir y que fluya todo lo demás.

Estábamos en un hostal de Baños, en Ecuador, preparándonos unos bananos fritos para comer con el mate. Podemos relatar con mucha precisión ese momento porque fue crucial en nuestro viaje. Eran cerca de las 18.30 y estaba un poco fresco.

Mientras charlábamos vimos un hombre sentado en la barra del lugar común que había en el hostal. También estaba tomando mate. Comenzamos a hablar con él y entre idas y vueltas nos contó que era chamán y que estaba por filmar un documental de la Ayahuasca con unos turcos que habían venido exclusivamente. En dos días salía a las 10 de la mañana para el Puyo, nos ofreció si queríamos acompañarlo, que éramos sus invitados y que solo debíamos pagarnos los colectivos. Nos íbamos a quedar dos días con la comunidad de los Indichuri, en plena selva ecuatoriana, para presenciar (o participar) de la toma de Ayahuasca.

En un principio nos surgieron muchas incógnitas, él se percató de nuestras dudas y nos dijo que lo pensáramos tranquilos, que no había problema fuera cual fuera nuestra decisión, solo que se la comuniquemos antes de partir.

Fueron días de reflexión entre nosotros, mucha búsqueda en internet y en nuestros fueros internos. Finalmente convenimos en ir, de todos modos, solo podíamos estar allí, ver el ritual, compartir momentos con los indígenas y nada más. Si nos fluía en el momento íbamos dispuestos y abiertos a la posibilidad de realizar la toma de Ayahuasca.

Después de unas 3 horas y media de viaje llegamos a la comunidad. Lo primero que nos dieron fue el cóctel de bienvenida, una mezcla de sangre de serpiente y murciélago, corteza de árbol y floripondio, todo macerado en alcohol. Un shot de cortesía que no podíamos rechazar mas allá de los ingredientes exóticos.

Después de almorzar muy liviano (una sopa) porque debíamos estar lo mas limpios posible si queríamos tomar Ayahuasca, fuimos a recorrer los alrededores de la comunidad. A pocos kilómetros del asentamiento pasaba un brazo del rio Amazonas cargado de leyendas y de una intensa y poderosa corriente.

Los habitantes de allí dicen que una anaconda gigante fue vista surcando esas aguas. También dicen que fue la responsable de la desaparición de unos turistas canadienses que robaron un kayak para ir rio abajo. Sus huesos fueron hallados días después en la costa cerca de la unión con Perú, según cuentan, los esqueletos sin carne estaban intactos bajo la ropa raída.

Para estas comunidades la anaconda es un dios protector de la selva. Por eso es uno de los animales que supuestamente se manifiesta durante la influencia de la Ayahuasca. La serpiente sagrada muestra el camino de la sanación y te enfrenta con tus miedos más profundos.

Después de pasar un rato frente al río volvimos a la comunidad para visitar un sitio tan misterioso como increíble. De esos que te dejen pensando y replanteando ideas.

El jefe de la comunidad nos llevó hasta un lugar cercano y nos dijo que habían encontrado esa figura mientras limpiaban el lugar para instalar las pequeñas chozas. Era una roca tallada al pie de una montaña, estaba llena de musgo, pero tenía los rasgos bien marcados y distinguidos: era un demonio en cuyas fauces residía una cueva, la cual, según cuentan los indígenas, era utilizada para realizar distintos rituales.

Ya a estas alturas nuestra capacidad de sorpresa estaba realmente completa, pero aún faltaba algo más. La visita a la selva nos regaló un encuentro con una persona muy especial. Resultó ser que el jefe de la comunidad era hijo de uno de los chamanes más poderosos y reconocidos de la región y a su vez este era intimo amigo del hombre que nos había invitado a la selva. Su casa estaba a pocos minutos del lugar donde nos estábamos quedando, el hombre tenía una cabaña de madera a la vera del río, en plena jungla. Nos ofrecieron si queríamos visitarlo y dijimos obviamente que si.

Caminamos por unos 40 minutos, llegamos hasta el rio Amazonas y seguimos su cauce hasta dar con un claro que se abría dentro de la selva. Como un guardaespaldas nos recibió un curioso mono que inspeccionó detenidamente todas nuestras pertenencias. A medida que íbamos avanzando más animales comenzaron a salir. Loros, guacamayos, otras especias de primates, patos, tucanes y demás.

Detrás de todos ellos salió el chamán. Era un hombre mayor de edad, de largo pelo blanco y tez oscura. Tenía un collar de serpiente y le faltaban dos dedos que le fueron amputados tras ser mordido por una víbora, para evitar que el veneno se le expandiera.
Nos quedamos allí un buen rato, seguramente sobre esto escribiremos otra nota. Nos explicó como era su trabajo, como era su vida en la selva y pudimos presenciar como realizaba una limpieza. Nos ofreció fruta para comer y nos habló un poco más de la Ayahuasca: “Como si fuera una alimaña, yo puedo ver que es lo que lastima a las personas y las ayudo a que se lo saquen de su cuerpo”, resumió con experiencia.

Creo que hablar con él fue determinante a la hora de decidir si íbamos a tomar o no. Nos despejó muchas dudas y nos plantó otras más profundas, pero el diálogo con este hombre fue muy clarificante.

Cuando estaba cayendo el sol volvimos a la comunidad. Había que descansar porque el ritual comenzaría entre las 22.30 y las 23.00, pero según nos dijeron iba a extenderse hasta altas horas de la madrugada. En esos momentos ya teníamos la decisión tomada (pero esto quedará para un futuro post porque es una larga historia).

Todo en la atmósfera de la selva tiene una sincronía tan perfecta que asusta. Da la sensación de que allí están todas las respuestas que buscamos, que el sistema nervioso central del mundo pasa por esas tierras y nos atraviesa como una lanza.

Por todo esto y más, es que recomendamos hacernos un espacio para visitar la selva. Porque allí pasan cosas, porque allí se ven los engranajes del mundo, porque los conocimientos ancestrales y la energía del planeta circula dentro, porque la naturaleza muestra su máximo esplendor y solo debemos estar dispuestos a verla, porque no volvemos a ser los mismos cuando tenemos contacto con ella, porque es un reseteo espiritual necesario para estar más sano.

Autor entrada: Ambos Mundos

2 thoughts on “Por qué viajar a la selva

    rumboalasantipodas

    (10 abril, 2017 - 4:35 pm)

    Que interesante chicos! Nosotros también tenemos mucha curiosidad por la ayaguasca, conocimos a una mujer en Filipinas un tanto peculiar y por lo que casi nos convenció poderes para ver lo que nosotros no vemos. Nos habló de los “poderes” de la ayaguasca y como viajó hasta Perú para hacer un ritual. Pero nos hemos quedado con las ganas de saber que decisión tomasteis vosotros jajaja.

    Un saludo
    Ander y Eider – @rumboalasantipodas

      Ambos Mundos

      (10 abril, 2017 - 7:25 pm)

      Es un mundo tan increíble como misterioso. Más adelante subiremos un post contando nuestra experiencia, fue muy fuerte para nosotros! Ojalá tengan la oportunidad de experimentar con Ayahuasca, cualquier información o consulta nos escriben, gracias por leer la nota! Abrazos!!!

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