Panamá: la ciudad que conecta al mundo

Con el famoso canal une al océano Atlántico con el Pacífico,  la enorme cantidad de centros comerciales, grandes edificios y lugares naturales; montañas, playas paradisíacas y centros históricos, esta ciudad cosmopolita ofrece un abanico de posibilidades para satisfacer los gustos de cualquier tipo de viajero.

Muchos dicen que la ciudad de Panamá se puede recorrer completamente en uno o dos días, y al llegar nos dimos cuenta que hay algo de cierto en esa aseveración. Sin embargo, descubrir la magia de esta ciudad puede llevar un poco más de tiempo. Su gente, su cultura, sus comidas y sus costumbres típicas hacen que un par de días sea una visita con sabor a poco, o a casi nada.

Llegamos a esta enorme ciudad luego de tomar un vuelo desde Colombia que nos dejó en el aeropuerto más lejano de los tres que tiene Panamá, allí solo queda hacer dedo, tomar un taxi o caminar mucho e intentar conseguir un colectivo que te acerque a la zona céntrica. Por suerte conseguimos el contacto de Albert, un joven panameño que no solo nos fue a buscar sino que nos abrió las puertas de su casa y de su linda familia. Previo a conocerlo tuvimos una intensa búsqueda de hospedaje cuyos resultados nos sorprendieron: la noche, en el hostal más económico, no bajaba de 15 dólares.

Al otro día, Albert nos llevó a recorrer los puntos más turísticos de la ciudad. Nos bastó un día completo movilizándonos en su auto para visitar algunos de los sitios más importantes. Primero fuimos a Ciudad Vieja, un museo histórico al aire libre que contiene las estructuras coloniales de la antigua Panamá en su estado original. En ese sitio estuvo ubicada la ciudad hasta 1671, luego fue trasladada a una nueva ubicación tras quedar destruida a causa de un ataque comandado por el famoso pirata Henry Morgan.

Después de visitar este lugar arqueológico, fuimos al museo de la Biodiversidad, una llamativa construcción con techos de colores que intentan representar la estructura de un árbol. Este sitio tiene una parte paga y la otra gratuita. Esta última está en la parte baja del edificio y contiene placas representativas con un interesante recorrido histórico sobre Panamá. En la parte superior hay que abonar 15 dólares para tener acceso a las 5 salas en las cuales se exponen diversos trabajos interactivos relacionados con la biodiversidad, la fauna y la flora del país.

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Pero aún faltaba la visita obligada: “Acá decimos que el que no va al canal se va sin conocer Panamá”, nos advirtió Albert. Sin dudas queríamos conocer a fondo esta tierra y hacia allá fuimos. Pagamos unos dolorosos 15 dólares cada uno y pudimos ver una de las construcciones más sorprendentes del planeta.

Llegando en auto por la entrada, a varios metros del acceso principal, pudimos ver lo que parecía una enorme pared moviéndose en cámara lenta en paralelo al edificio central. “No es una pared, es un barco que está entrando”, nos dijo entre risas nuestro amigo panameño. En efecto, la monstruosa nave estaba pasando por el estrecho, esperaba pacientemente la apertura de las esclusas y las nivelaciones de agua correspondientes para entrar directamente al océano Atlántico tras más de 10 horas de navegación viniendo desde la costa este del país.

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Para resumir el complejo y a la vez sencillo funcionamiento del canal se puede decir que opera de la siguiente manera: las esclusas, mediante un inteligente manejo del agua, elevan los barcos hasta el lago Gatún, a 26 metros sobre el nivel del mar, para después descenderlos hasta el nivel del Pacífico o el Atlántico, y que puedan continuar su viaje sin tener que ir hasta el Cabo de Hornos, cercano a Tierra del Fuego, como se hacia antes.

Cuando se observa el proceso puede notarse como las esclusas son llenadas y vaciadas de agua y como la enorme nave asciende o desciende de acuerdo a la ruta que sigue. Se aprecia el poder mismo de la naturaleza, se ve como su fuerza eleva fácilmente las miles de toneladas que pesan los barcos.

Esta obra maestra de la ingeniería es uno de los bastiones económicos fundamentales del país. Se calcula que diariamente pasan entre 30 y 40 embarcaciones que pagan un impuesto, dependiendo del peso y el tamaño, que va desde los 100 a los 800 mil dólares. Lo que significa una enorme cantidad de dinero que va directo a las arcas de Panamá. Los países que más utilizan el canal son Chile, Japón, Corea del Sur, China y Estados Unidos, aunque este último no paga impuesto tras firmar un acuerdo bilateral donde el gigante del norte le cedió la concesión a Panamá a cambio del paso libre.

Los estadounidenses construyeron y diagramaron las obras del canal y tuvieron la potestad del mismo hasta 1999, año en el que se firmó un tratado entre los presidentes de ambos países para sellar formalmente el traspaso.

Realmente es increíble poder ver el funcionamiento de esta obra. Desde la llegada de las embarcaciones, la apertura y cierre de las esclusas, hasta la partida, se puede ver como el mecanismo funciona perfecta y milimétricamente. Los barcos pasan justo por la longitud del canal, solo quedan 30 centímetros de cada lado que separan el casco de la naves de las paredes de concreto. Los barcos son guiados por máquinas tipo locomotoras para evitar el roce producido por el vaivén del agua. Y así funciona, exponiendo a cada momento la sencillez de la perfección.

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Días después de nuestra visita al Canal, Panamá se vistió de fiesta. El 10 de noviembre se festeja el Primer Grito de Independencia de la Villa de Los Santos. Esta fecha hace alusión a un hecho ocurrido en 1821, cuando se dio un alzamiento popular en contra del gobierno colonial español. Este hecho sentó las bases de la posterior independencia del pueblo panameño.

Para llegar al barrio donde tenía lugar la celebración utilizamos uno de los transportes públicos más populares y llamativos de la ciudad: los Diablos Rojos. Así se le llama en Panamá a este transporte debido al funcionamiento y a las características del mismo. “Ni el diablo se monta en esos buses”, dice la gente con una sonrisa. Y al subirse, todo cobra sentido.

Se trata de buses reciclados, provenientes de Estados Unidos, que eran utilizados para trasladar niños a la escuela. Son de los típicos camiones amarillos que se ven en las películas yankees de la década del 80 y 90, iguales a los que conduce Otto, de los Simpsons. En coincidencia, las características de los conductores panameños también son similares a la temeraria e irresponsable forma de manejar del personaje de la serie.

Los colectivos están adornados con luces de colores y pintados como grafitis ambulantes. coloridos dibujos en sus laterales y calcomanias de todo tipo. Pero ademas tienen dos enormes parlantes en la parte trasera de los cuales sale una estruendosa música durante todo el viaje. Para dimensionar esto se puede decir que es prácticamente imposible charlar con la persona que viaja en el asiento de al lado.

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Foto tomada del sitio: http://blog.seanstoops.com

Pero logramos sobrevivir a los Diablos Rojos y llegamos a la barriada donde la gente salió a la calle vestida con sus trajes típicos, los niños bailaban las danzas tradicionales y correteaban en las calles mientras las carrozas desfilaban con sus reinas en la cima de las obras representativas. La insistente lluvia no pudo opacar las celebraciones y la comida, los raspados y las bebidas desfilaban junto con todo el pueblo que salió a la calle desde temprano para mostrar orgullosamente las raíces de su idiosincrasia.

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Con toda su cultura, sus lugares naturales y su cálida gente, Panamá nos demostró que solo unos días no es suficiente para ver todo lo que tiene para mostrarle al mundo. Afortunadamente pudimos adentrarnos en su día a día y compartir con la gente una porción de todo esa magia que moviliza este país.

Autor entrada: Ambos Mundos

3 thoughts on “Panamá: la ciudad que conecta al mundo

    mirtha lovera

    (24 noviembre, 2016 - 1:11 pm)

    Sencillamente fenomenal!!!

    Seres Reales

    (25 noviembre, 2016 - 9:43 am)

    genios!!!! que buen relato! sùper entretenido jajaja. Hasta me dieron ganas de conocer Panamá. Genial info del canal, pinches gringos.

      ambosmundosweb

      (29 noviembre, 2016 - 2:37 pm)

      Gracias amigos! Si, Panamá es una hermosa ciudad!!! Saludos!!!

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