Nuestro húmedo paso por Villa de Leyva

Villa de Leyva es un viaje al pasado. Calles adoquinadas, edificios coloniales, casas dónde nacieron y murieron próceres colombianos, son sólo el principio de este recorrido por la historia boyacense.

Fuimos a Villa de Leyva desde Zipaquirá. Nos tomamos un bus en las afueras de la ciudad por 18 mil pesos.

Llegamos por la tarde-noche y teníamos los minutos contados para llegar a una tienda antes de que cerrara, donde nuestra nueva couch nos había dejado la llave de su casa.

Si, aunque todavía nos cueste creerlo, la magia de couchsurfing y de la gente que aún confía, hizo que en este hermoso pueblo tuviéramos una casa de prestado. Y no era una casa más: a tono con el pueblo, era una típica vivienda colonial, con patio interno, pasillos y muchas habitaciones. Por primera vez “vivimos” en un lugar así, y aunque lo poco que habíamos visto de la localidad ya nos anticipaba que sería mágica, nos resultaba difícil salir de un hogar tan acogedor.

El primer día lo utilizamos sólo para recorrer el pueblo. Aunque Villa de Leyva es pequeño, sus callecitas adoquinadas, su arquitectura colonial, su enorme plaza rodeada de antiguos edificios coloniales y la tranquilidad de sus espacios, hizo que, casi sin darnos cuenta, nos distrajéramos un día entero._dsc0001-copiar

Uno de los lugares que se puede visitar dentro del pueblo es la Casa Museo Antonio Nariño. En este lugar falleció el hombre que tan importante fue para la historia colombiana, ya que fue uno de los precursores de la independencia de la República._dsc0030-copiar

También se puede visitar la casa natal del Capitán Antonio Ricaurte, el prócer colombiano que, según cuenta la historia, se inmoló en un polvorín para no caer en manos de los españoles cuando la Nueva Granada peleaba por su independencia._dsc0050-copiar

El segundo día, decidimos movernos un poquito más, y nos encaminamos en dirección al mirador. El ascenso es bastante empinado, pero no difícil. Sin embargo, la situación se nos complicó cuando a pocos minutos de llegar, comenzó una fuerte lluvia.

Con todo lo que habíamos ascendido, no íbamos a renunciar a conseguir la imperdible vista que nos ofrecía el mirador. Así es que, con lluvia y todo, continuamos subiendo.

Como no podía ser de otra forma, llegamos empapados. Apenas si podíamos sacar la cámara para tomarnos una foto sin que estuviera cubierta de agua en pocos segundos._dsc0059-copiar

Al subir con lluvia no nos detuvimos a pensar en lo que sería el regreso. El agua continuó cayendo incesantemente  y teníamos que bajar por la misma cuesta empinadísima por la que subimos. El descenso fue bastante complicado y debimos tener excesivo cuidado, ya que las piedras estaban sumamente resbaladizas y un simple desliz podía terminar bastante mal.

Nos pareció que de repente el camino se había duplicado en longitud, y nunca llegábamos a tierra firme. La lluvia fue nuestra fiel compañera. Ya no nos importaba mucho, porque llega un punto en que uno ya no puede mojarse más.img_20160912_165012-copiar

Finalmente llegamos al pueblo y, como recompensa, decidimos mojarnos un poco más e ir en busca de una lonja de bocadillo de guayaba (estábamos sólo comenzando con lo que sería nuestra gran adicción colombiana).

Después de una ducha que nos devolviera la temperatura corporal, tomamos unos ricos mates y devoramos el bocadillo. Luego de semejante atorada guayabeña, decidimos eliminar la cena esa noche.

Al otro día, nos levantamos con la decisión de ir a visitar el Parque Ecológico la Periquera. Gran decepción nos llevamos cuando tanto en turismo como los servicios de taxi al lugar nos advirtieron que el nivel de agua estaba bajísimo y no podríamos disfrutar mucho. Ante esta nueva situación, decidimos cambiar el rumbo e ir a los Pozos Azules, pero la advertencia fue la misma. Definitivamente, no visitamos Villa de Leyva en el mejor momento.

Mientras pensamos que hacer, almorzamos un completo almuerzo colombiano con hígado por sólo 5 mil colombianos frente a la terminal.

Para completa_dsc0065-copiarr la frustrada jornada, se largó a llover otra vez. Cuando llegamos nos habían advertido que la zona era seca, algo que se contradecía mucho con lo que veíamos. Después nos avisaron que era totalmente anormal esa lluvia diaria. Cosas que pasan.

En fin, la lluvia se pasa con bocadillo. Repetimos la compra del día aimg-20160913-wa0001-copiarnterior, pero esta vez pusimos en práctica la receta que nos enseñó nuestro couch de Bogotá y cocinamos una ríquisimas arepuelas. Para quienes quieran probarla, los ingredientes son los mismos que los del tradicional panqueque argentino, sólo que se la deja un poco más espesa (poniéndole un poco más de harina), y se rellena el interior con el famoso bocadillo colombiano: una delicia!

Este fue nuestro lluvioso paso por la hermosa Villa de Leyva. Para quienes estén por visitarlo, vale aclarar que, además de la Periquera y los Pozos Azules que nos quedamos sin conocer, hay otros espacios que merecen atención: el museo de fósiles, el Infiernito y la casa de barro son sólo algunos de ellos.

Llegó el día de abandonar este bello pueblo, la acogedora casa, y salir a la ruta nuevamente. Adivinen que pasó cuando estábamos haciendo dedo: se largó a llover. Pero eso será otra historia que les compartiremos cuando contemos nuestro camino en búsqueda del bocadillo veleño.

 

Autor entrada: Ambos Mundos

4 thoughts on “Nuestro húmedo paso por Villa de Leyva

    andorreando por el mundo

    (2 octubre, 2016 - 11:52 am)

    Jajaaaja suele pasar.
    A nosotros no hay viaje en el que no pillamos un buen remojón, aunque nos enfadamos en el momento luego son anécdotas graciosas jejee.
    Saludos amigos 😉 👍

      ambosmundosweb

      (3 octubre, 2016 - 11:24 am)

      Imaginense que ahora estamos en medio del huracán Matthew en Colombia. Lo de Villa de Leyva fue apenas una lluviecita en comparación!

    Judith G. Noé

    (2 octubre, 2016 - 2:10 pm)

    Vaya vistas desde el mirador!

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