La ruta del Che en Bolivia

Estábamos en Bolivia, enfocados en la vuelta a nuestro país, pero viajar tiene esos matices de incertidumbre que hacen más interesante el camino y permanentemente hay que replantearse todo. La idea original era quedarnos en Santa Cruz de la Sierra una semana, recorrer por allí y salir en el tren a Yacuiba. Pero comenzó a sobrevolar la posibilidad de hacer la ruta del Che, en las yungas, y no pudimos negarnos.

Dentro de lo económico que es Bolivia, hacer la ruta del Che no resulta tan barato. La razón es que los destino en los cuales estuvo el revolucionario argentino antes de ser asesinado son algo remotos, los accesos están deteriorados y los transportes públicos no cubren la totalidad del circuito.

Antes de ir a Vallegrande queríamos pasar por Samaipata. Averiguamos por los transportes que iban hacia allí, desde Santa Cruz de la Sierra hay dos formas de llegar: desde la plaza Oruro hay buses que cuestan 20 bolivianos y salen tres veces al día, tardan cerca de 3 horas y media debido a que paran en varias ocasiones. La otra manera, desde la calle G. Solíz de Holguín y Omar Chávez hay busetas que cuestan 30 bolivianos, llegan más rápido, en unas 4 horas, pero hay que aguardar hasta que se llenen para que salgan.

Llegamos a la bella Samaipata un pueblo mágico que genera una atracción magnética. Calles adoquinadas, casas coloniales y de construcciones en adobe y una hermosa plaza central hacen de este lugar una empírica postal de cuentos. Y para colocarle un broche de oro nos quedamos acá El Pueblito Resort

Al otro día comenzaba la aventura que veníamos buscando. Salimos temprano por la mañana, estábamos en Bolivia lo que significa que hacer dedo aquí es todo una odisea en sí misma. No solo por la poca cultura que hay en el país de levantar gente en las carreteras, sino también por el hecho de que quiénes lo hacen tienen la tendencia a cobrar. De todos modos teníamos que intentarlo.

Nos fuimos a la ruta, nos paramos allí en dirección a Vallegrande y comenzamos a hacer dedo. Las horas pasaron lentamente y solo nos pararon dos autos que, como anticipamos, nos quisieron cobrar, incluso más que el transporte público. Decidimos cambiar de lugar para motivar la suerte y tomamos una buseta, por 5 bolivianos, hasta el próximo pueblo: Mairana. Allí estuvimos otro par de horas y la secuencia fue la misma. No nos quedó más alternativa que regatearle al de la buseta y que nos lleve directo a Vallegrande. Nos cobró 70 bolivianos por los dos.

Averiguando, después nos enteramos que hay buses que hacen este recorrido, desde Samaipata a Vallegrande por mucho menos dinero. En ese momento, supuestamente, había una fiesta religiosa en el pueblo por lo que los buses estaban pasando llenos, hecho que no pudimos comprobar.

Finalmente llegamos a Vallegrande y nos instalamos en nuestro hospedaje hotel El Marqués. Un pueblo pintoresco, con calles y veredas empinadas, rodeado de campos y montañas. Hay una atmósfera especial, tal vez por la carga histórica que tiene en sus entrañas. La gente es muy amable, costumbrista y de carácter apacible.

Unas vez que nos instalamos empezamos a buscar información sobre los distintos puntos para visitar que componen la Ruta del Che. En Vallegrande hay cuatro puntos de interés: la Lavandería, la fosa de los Guerrilleros, el Mausoleo y Museo del Che.

El municipio del pueblo tuvo la idea comercial de cercar todos los lugares y cobrar nada más y nada menos que 40 bolivianos por persona, más la entrada al museo, para participar en un tour que es con guía y dura aproximadamente una hora. De otro modo los lugares permanecen cerrados al público.

La realidad es que nosotros no contábamos con ese dinero y tuvimos que buscar una alternativa. Por cuestiones morales, si se quiere, no las describiremos, no hicimos nada loco, ni fuera de lugar. Si los viajeros están interesados en saber más nos escriben por privado y les detallamos nuestra experiencia.

La lavandería

Es un lugar detenido en el tiempo, como una foto en blanco y negro con vida propia. Es algo empíricamente inexplicable pero la energía que hay allí es pesada y se precibe. Sentimos que estábamos pisando la postal de un libro o la escena de un documental. Solo faltaba el cuerpo inerte del Che, ahí recostado en la lavandería de cadáveres del hospital de Vallegrande, rodeado por una curiosa multitud que lo contemplaba.

Entrada principal del famoso hospital de Vallegrande.

Las miles de personas que pisaron este sitio dejaron su huella, movimientos sociales, ciudadanos comprometidos con la causa, adeptos, familiares y políticos, pintaron las paredes con mensajes cargados de vida, así como también dejaron placas conmemorativas y frases alusivas a la vida y a los logros del Comandante.

Fosa de Guerrilleros

Con una sensación extraña en el cuerpo salimos al segundo punto del recorrido. La fosa de los Guerrilleros está un poco más alejada de la zona central del pueblo. A media hora caminando se llega a una bifurcación y se toma para la derecha. Allí, luego de pasar un largo pasillo cercado, están los guerrilleros caídos, incluidos los restos de la famosa Tania.

 

Mausoleo y museo

Volviendo a la bifurcación que mencionamos anteriormente y tomamos esta vez por el camino de la izquierda, llegamos al Mausoleo y al Museo del Che Guevara. Aquí se encuentra el sitio donde encontraron los restos óseos del revolucionario argentino. Es otro de los lugares que dan escalofríos.

Entrada al Mausoleo del “Che”

Salimos del Mausoleo y fuimos directamente al Museo. Si bien el lugar no está del todo terminado, se pueden ver fotos, recortes y testimonios que giran en torno a la vida y la muerte de Ernesto Guevara.

Odisea a La Higuera

El cierre de la ruta del Che, es en este sitio. Un caserío que se mantiene intacto, que parece no haber sucumbido al tenaz paso del tiempo. Aquí, el ejército boliviano le dio muerte al Comandante. En una de estas precarias casuchas se dio esa famosa charla previa al fatal desenlace: “Apunte bien, porque va a matar a un hombre”, le dijo el Che a su asesino antes de recibir tres impactos de bala en el cuerpo.

La Higuera es el punto de más difícil acceso. Las únicas formas de llegar son: en taxi desde Vallegrande, te llevan, te esperan unas horas y te devuelven al pueblo y, según pudimos averiguar, cuesta alrededor de 250 bolivianos.

La otra forma es ir hasta la ruta, esperar el bus que va en dirección a Sucre, decirle al chofer que pare en el cruce que va de camino a La Higuera. Una vez allí, solo se puede llegar caminando o haciendo dedo a alguien que vaya al pueblo (teniendo siempre en cuenta que les van a cobrar).

Si la opción es caminar hay que irse equipado para acampar y para comer, debido a que hay cerca de 20 kilómetros desde el cruce donde nos deja el colectivo hasta La Higuera. De regreso, hay que hacer lo mismo, pero calculando el horario en el que pasará el bus en dirección a Vallegrande. Solo pasa uno y si se lo pierde hay que esperar hasta el otro día.

Después de visitar estos lugares, nos fuimos a buscar nuestras cosas para tomar el bus que iba de vuelta a Santa Cruz de la Sierra, con muchas sensaciones encapsuladas en el cuerpo. Cada punto que recorrimos tiene una enorme carga emocional, a medida que fuimos pisando estos sitios sentimos como que estábamos reconstruyendo un pedazo de historia de la cual, en cierta manera, formamos parte.

Autor entrada: Ambos Mundos

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