Enseñanzas de un asalto (o del viaje y su gente)

Una semana antes del 5 de octubre me encontré respondiéndole a alguien que me preguntó por el viaje que venía “demasiado bien, la buena suerte nos acompaña desde el primer día”. Y realmente era así. Es así.

El 5 me encontraba disfrutando, por fin, mi encuentro con el mar Caribe. No podía estar mejor. Hace horas esperaba a Diego para mostrarle lo linda que había quedado la playa después de que algunos de los visitantes armáramos un equipo de limpieza para juntar y quitar toda la basura que dejó a su paso el huracán Matthew.

Cuando lo ví llegar, la sola expresión de su cara ya me contó lo que les había pasado: los habían asaltado. En Playa Grande, una hermosa playa colombiana, dos personas del tipo que hasta ese momento no nos habíamos cruzado, los habían encañonado y dejado sin nada. Lo más valioso (material) que teníamos se fue con ellos.

Ni toda la fuerza que irradia el sol caribeño a las 14 hs pudo mantener con luz ese día. Por primera vez, el viaje se nubló: una gran mancha comenzó a formar parte de nuestra experiencia viajera.

Y aunque intentábamos recordar todo lo bueno que nos dio el viaje y ponerlo por encima de lo sucedido, el sentimiento de tristeza y bronca no nos abandonaba. Fueron días grises, atrapados en una ciudad que no queríamos estar, teniendo que hacer trámites e ir a lugares que nunca hubiéramos incluido en nuestro recorrido, sin obtener ningún resultado positivo de eso.

Decidimos volver al ruedo y dejar de desperdiciar días de esta increíble experiencia que estábamos viviendo y que de golpe se había frenado: nos fuimos al Parque Tayrona, una de las maravillas de Colombia.

La magia de este lugar merece un post aparte, aquí sólo contaremos cómo nuestra manera de ver las cosas comenzó a cambiar.dscn1267-copiar

Inmersos en este lugar indescriptible, de a ratos, inevitablemente, hablábamos de lo ocurrido, de cómo seguiríamos, de irnos o quedarnos a esperar alguna novedad de lo perdido, de cómo hacer para recuperar lo esencial. Y eso, sin que podamos notarlo, nos desconectaba un poco del lugar.

El día que nos estábamos preparando para regresar del Tayrona, nos encontramos con un compañero de la facultad (si, el mundo es gigante y pequeñísimo a la vez). Era uno de esos con los que nunca habíamos cruzado una palabra durante la vida académica, pero que por algún motivo lo recordábamos. Y encontrarte con un conocido que en realidad nunca conociste a 10 mil kilómetros de casa, casi que lo convierte inmediatamente en un amigo.

Y ahí estaba él con su historia: viajaba hace más de un año, y le habían robado todo en su primera semana de viaje. Por supuesto que en su momento también tuvo la crisis inevitable, pero hoy ya era una enseñanza, y la compartió con nosotros. Lo que para nosotros era nuestro presente, para él ya era solo una anécdota. Y encontrarlo ahí, demostraba que el viaje sigue igual, con sus manchas y sus trabas, pero nunca se detiene. Y que esto también es parte del viaje.

Ese día arrancamos la vuelta con un poco más de energía, confiando en que el presente, en breve, sería sólo un recuerdo.

Después de caminar unos 10 km y hacer un dedo, nos tocó tomar un bus. A los pocos minutos subió una chica costeña, artista callejera, improvisadora, rapera. Lo que hizo fue increíble, como tantos otros artistas a los que cruzamos durante el viaje, y que a pesar de su talento, no les compartimos más que un aplauso.

Y fue tal vez ahí, o antes, o un poco después, que me di cuenta que no sirve guardar nada para después. Que si en ese momento teníamos algunos miles de pesos colombianos y urgía dárselos, teníamos que hacerlo.

Cuando nos robaron, dudamos de todo lo que haríamos de ahí en adelante. No ir al Tayrona, comer menos veces y comprar sólo lo necesario, eran algunas de las opciones para poder juntar en menos tiempo la plata para recuperar lo perdido.

Y en realidad, lo perdido no estaba siendo lo robado. Lo que estábamos perdiendo eran las oportunidades, y el tiempo que sólo pasa una vez.

Es por eso que nuestro viaje continúa igual, más livianos de peso, pero también más livianos de necesidades y más cargados de enseñanzas.

Perdimos bastantes cosas, pero también venimos perdiendo muchas otras desde que comenzó este viaje: cada vez nos movemos con menos prejuicios, con menos miedos, con menos certezas y más curiosidad, con menos inseguridades. Y con tantas pérdidas, no caben dudas que lo ganado es mucho más que lo perdido. Y eso es lo que vale para toda la vida.

Siga el baile…dscn1287-copiar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor entrada: Ambos Mundos

7 thoughts on “Enseñanzas de un asalto (o del viaje y su gente)

    Mirtha noemi lovera

    (18 octubre, 2016 - 7:47 pm)

    QUE NADA IMPIDA VUESTRO SUEÑO,LO IMPORTANTES ES PODER SEGUIR Y SEGUIR.LOS FELICITO

    Judith G. Noé

    (20 octubre, 2016 - 12:31 pm)

    Eso es lo importante, darse cuenta que de nada sirve quedarse con lo negativo. Me alegro que supieseis dejar a un lado esos pensamientos y decidieseis disfrutar de la ciudad!

    Seres Reales

    (25 octubre, 2016 - 2:22 am)

    Hay algo que no les van a robar en el viaje que es capacidad de percibir el mundo con todos los sentidos.
    Vamos que las cosas se reponen! 💪🏼😄👍🏼

    Viajando por un Sueño

    (2 febrero, 2017 - 10:48 pm)

    Excelente reflexión chicos! Los seguimos desde ahora! Un abrazo fuerte y mil viajes para todos. La vida es un viaje, viajemos la vida!

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