En busca del bocadillo veleño

A Vélez se llega un rato antes de pisar su suelo. A medida que uno se va acercando al pueblo, el olor a guayaba que se respira en el aire, nos anuncia la llegada y nos da la bienvenida a la capital folclórica de Colombia.

Sus industrias del dulce, entre los que se destacan el arequipe y los derivados de la guayaba, distinguen a Vélez a nivel nacional e internacional. Aunque, sin dudas, su sello distintivo es el famoso bocadillo veleño.

Otra característica que destaca a Vélez es su iglesia atravesada. Curiosamente, la Catedral Nuestra Señora de las Nieves es la única cuya entrada principal no está hacia al frente, de cara a la plaza principal, sino hacia un costado. Es por ello, que se dice de los veleños que son “atravesados como su iglesia”._dsc0070-copiar

Llegamos a Vélez un 14 de septiembre, día en que, sin saberlo, la localidad festejaba su aniversario número 477. Enseguida nos llamó la atención la cantidad de años. Y es que el municipio comenzó a tomar forma en el 1539 a través de la llegada del español Martín Galeano, quien fue el fundador de la villa.

Para fortuna nuestra, llegar en estas fechas hizo que pudiéramos disfrutar de un pueblo sumamente activo y colorido, con actos y desfiles en las calles y la plaza, tanto de día como de noche._dsc0081-copiar

En cuanto a hospedaje, Vélez no es tan fácil. No encontramos hostels, pero si un lindo hotel  en el cual la habitación doble con baño privado nos salió 25 mil colombianos. Para quienes tengan intención de visitar el pueblo, el hotel se llama San Luis, y es de lo mejorcito que vimos. El único punto en contra (a nuestro modo de viajar) es que, al ser hotel, no cuenta con cocina.

Esto nos sirvió como excusa para salir a degustar alguna comida típica. Fue así que nos encontramos con el piquete veleño: plato tradicional que lleva gallina, carne de res y de cerdo, ají, yuca, maíz, huevo, papa, malanga, guatila y arracacha (como podrán ver en la foto, al nuestro le faltaron la mitad de los ingredientes, pero bueno, la base está)_dsc0079-copiar

Esa noche, en el supermercado, nos vino a hablar una señora mayor y a preguntarnos qué frutas de su país existían también en el nuestro. Para sorpresa nuestra, cuando llegamos a la caja nos había comprado granadilla y lulo para que probemos. Un gesto que nos encantó y que hizo que las frutas estén todavía más ricas de lo que son.14370115_1223323397739003_3271216642905751396_n-copiar

También ahí conocimos a Romaldo, dueño de la fábrica Boka d´ Fruta, quien nos invitó a visitar su local y ver el proceso que atraviesa la guayaba hasta convertirse en bocadillo. Y, aunque teníamos planes de irnos, por supuesto que no podíamos rechazar semejante invitación._dsc0129-copiar_dsc0138-copiar

La visita fue genial. Aprendimos, comimos y nos llevamos para el viaje. Y, cómo si el pueblo no hubiera sido demasiado amable ya con nosotros, cuando estábamos haciendo dedo en la calle principal, vino el dueño de la carnicera de enfrente a regalarnos una caja más de bocadillo veleño.

Abandonamos Vélez con una sensación hermosa. Porque a pesar de que fuimos allí en busca del bocadillo veleño, nos dimos cuenta que el pueblo tiene mucho más que eso. Que, sin duda, su patrimonio más valorable es la amabilidad y calidez de su gente._dsc0107-copiar

Autor entrada: Ambos Mundos

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