Deambulando por el salar más grande del mundo

La ciudad de Uyuni no es una localidad más, porque en sus entrañas se encuentra el mítico salar. Un desierto blanco de 12 mil kilómetros cuadrados en cuyos lugares más recónditos se esconde un mundo paralelo. Se ve como un trazo blanco que parece un divisor de dimensiones. Una vez dentro no hay señal de celular, las baterías se pueden descargar solas por un efecto de los minerales y las brújulas y los GPS aquí no funcionan. Es un limbo que refleja el cielo que, en este caso, se puede tocar con los pies y no con las manos.

Este salar es realmente una postal de otro mundo, más aún para los amantes de las fotos; las perspectivas, los colores y los reflejos han recorrido el mundo en creativas imágenes que los viajeros se esfuerzan en realizar. Junto con ello, si se tiene oportunidad de ver la puesta del sol, es un espectáculo en sí mismo que dejará una huella imborrable.

Entre las formas de llegar al salar, la más común es contratar a alguna de las empresas de tours que están sobre la avenida principal del pueblo de Uyuni. Los precios son accesibles y siempre está la posibilidad de regatearlos debido a que este pueblo tiene aproximadamente 15 mil habitantes y hay más de 150 prestadoras turísticas. Esto hace que la competencia interna sea encarnizada, favoreciendo lo intereses económicos del viajero.

Es ley, aquí y en todo Bolivia, no comprar en la primera oferta, el solo titubeo abre la puerta al descuento, así es en este país, en cualquier ámbito que haya dinero de por medio.

Otra de las posibilidades si no se quiere contratar una empresa es ir por cuenta propia. Según nos comentaron hay personas que lo han hecho, sea en su propio auto o caminando. Lo conveniente en estos casos es colocarse detrás de una de las 4×4 de las empresas de tour y seguirlas para no perder el rumbo y poder entrar y salir sin problemas.

La noche podría convertirse en un gran problema si no se encuentra la salida. La única forma de orientarse, según nos contaron los lugareños es a través de unas montañas y un volcán inactivo que flanquean el lado oeste del salar.

Si se quiere hacer de una forma más aventurera, en el salar se permite acampar. Pero esto debe realizarse de manera prudente, procurando llevar el equipamiento idóneo y colocándose a poca distancia del punto de acceso sin perder la orientación.

Uno de los principales inconvenientes aquí es que la temperatura es muy cambiante, mucho calor por la tarde seguido de un brusco descenso por la noche con ráfagas fuertes de viento. Puede pasar de los 22 o 23 grados a los 5 o -1 en cuestión de horas y dependiendo de la época del año.

Este lugar tiene algo especial, una atracción magnética. Da la sensación de que así fue el universo segundos antes de la creación, una masa blanca, llana y perfecta.

Cuestiones a tener en cuenta: regateo permanente con las empresas de tours. Intentar por todos los medios disponibles ver el atardecer, llevar abrigo y protección solar.

Autor entrada: Ambos Mundos

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