Cartagena de Indias: recomenzar sobre el final

Desde el comienzo, Cartagena de Indias era una de las incógnitas de nuestro viaje. Hay lugares que antes de salir a uno le parecen mucho más lejanos y desconocidos que el resto (y no tiene que ver con los kilómetros o las diferencias culturales, sino más bien con la idea con que uno crece del mismo).

A medida que nos íbamos acercando, las referencias que nos daban de la histórica ciudad iban cambiando nuestro parecer sobre la misma. De pronto nos encontramos con que, según lo que nos decían, Cartagena era sólo un infierno de calor sin mucho para hacer y con precios fuera del presupuesto mochilero. Pensamos en ir sólo unos días y seguir hacia alguna de las playas que la rodean.wp_20161017_17_44_11_pro-copiar

Llegamos como a las 11 de la noche, asique pudimos tolerar el calor sin mucho esfuerzo. Fuimos a un hostel que nos recomendaron nuestros amigos de Seres Reales, en el cual se podía tirar carpa al precio normal de una cama en otras ciudades.

Después de nuestra experiencia en Santa Marta y las energías que traíamos de esa zona, en Cartagena pusimos punto final a la historia del robo, y levantamos cabeza. Allí, en ese hostel que nos recibió a las 11 de la noche, trabajamos como voluntarios durante dos semanas.wp_20161017_17_48_35_pro-copiar

Y aunque las referencias que nos habían dado de la ciudad no eran las mejores, nuestra visión del lugar fue totalmente opuesta a lo que nuestros conocidos nos habían dicho: Cartagena nos pareció hermosa. Su ciudad amurallada es un lugar irreal. Caminar por ella e imaginar la historia que allí transcurrió es una experiencia única.wp_20161017_19_03_55_pro-copiar

Es cierto que hace calor, y también es caro. Pero no hay necesidad de ir de día, ni tampoco de gastar plata. Aunque estábamos lejos, nosotros repetimos nuestra visita al lugar, y recorrimos sus espacios sin dejar de maravillarnos e imaginar historias piratas.wp_20161017_18_06_46_pro-copiar

Sin embargo, aunque Cartagena de por si ya tiene con que atraparlo a uno, nosotros encontramos su mayor atractivo en la gente que allí conocimos. En el hostel Las Velas conocimos personas de la costa, de Colombia, y también extranjeros, que hicieron que nos  olvidemos por completo de la suerte que habíamos corrido hacia pocos días, y que pasemos unos momentos increíbles. Sabíamos que no sería fácil irnos de ese lugar, y no lo fue.img_6480-copiar

Cartagena tuvo la magia necesaria para convertirse en uno de los quiebres de nuestro viaje. Allí de verdad empezamos a sentir y a creer que todo lo malo siempre pasa por algo y trae algo bueno. Y reconfirmamos, una vez mas, que la belleza de los lugares se encuentra, mas que nada, en la gente que uno conoce y las experiencias que allí se tienen.

Cartagena fue nuestra despedida de Colombia. Como no podía ser de otra forma, un país que nos había dejado tantas historias y aprendizajes, nos despidió mostrándonos su lado más querible. Y nos dejo, una vez más, con la promesa de volver.wp_20161101_14_06_52_pro-copiar

Autor entrada: Ambos Mundos

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